43.33% (1)

¿Existe realmente microbiota en la ubre?

(Publicación)

(Actualización)

En Analítica Veterinaria seguimos con interés el debate sobre si la glándula mamaria sana de los rumiantes lecheros alberga o no una microbiota propia. Las técnicas de biología molecular han permitido detectar ADN de múltiples bacterias en muestras de leche procedentes de ubres sin signos clínicos, lo que ha llevado a algunos autores a proponer que existe una “microbiota mamaria” y que las mastitis serían, más que infecciones, estados de disbiosis.

En su artículo de opinión “Mammary microbiota of dairy ruminants: fact or fiction?”, Pascal Rainard analiza en profundidad las implicaciones de este cambio de paradigma. El autor recuerda que los estudios clásicos, con un muestreo extremadamente aséptico, apoyan la esterilidad de la glándula mamaria sana y que las técnicas basadas en ADN son extraordinariamente sensibles a contaminaciones procedentes de piel, canal del pezón o ambiente durante la toma de muestra.

Rainard revisa además la compatibilidad del concepto de microbiota mamaria con la inmunobiología de la ubre. La leche es un medio muy rico que permite el rápido crecimiento bacteriano, la glándula responde de forma intensa incluso a pequeñas cantidades de MAMPs, carece de capa de mucosa protectora y presenta muy poca IgA y tejido linfoide organizado, todo ello más compatible con un órgano que normalmente es estéril que con uno colonizado de forma permanente.

El autor también pone este debate en contexto con la experiencia acumulada en control de mamitis. Medidas como el sellado y desinfección de pezones post‑ordeño o la terapia antibiótica al secado han demostrado reducir claramente las nuevas infecciones, lo que resulta difícil de conciliar con la idea de que una microbiota intramamaria estable sea protectora o necesaria para la salud de la ubre.

Por último, Rainard revisa la evidencia disponible sobre el uso de probióticos intramamarios. La mayoría de los ensayos con lactobacilos u otras bacterias “beneficiosas” muestran que estas cepas inducen inflamación y no han demostrado una protección convincente frente a nuevas infecciones, lo que también cuestiona la utilidad práctica de tratar la mastitis como una disbiosis más que como una infección.

infografias